ELSI RIDER CUMPLE SU SUEÑO DE VIAJAR AL MAR DE ARAL

14.07.2018

ELSI RIDER CUMPLE SU SUEÑO DE VIAJAR AL MAR DE ARAL

ELSI RIDER CUMPLE SU SUEÑO DE VIAJAR AL MAR DE ARAL

Recién llegada de su última aventura de resistencia en moto hasta el mar de Aral, en Kazajistán, todavía sin sacudirse el polvo y el cansancio del viaje, Elsi Rider nos cuenta su experiencia a través de 15.000 kilómetros llenos de grandes emociones, algunos contratiempos y muchísimo aprendizaje.

 

Motul (M): Hace poco has llegado del mar de Aral, una travesía de 15.000 kilómetros en solitario que te ha llevado por diferentes países hasta Kazajistán, ¿cómo te sientes después de esta nueva aventura?

 

Elsi Rider (ER):Todavía estoy asimilando cosas. Siempre me pasa después de cada viaje. Empiezo a ser consciente de lo que he hecho tras un tiempo en el “campo base”, o sea en casa. Lo que sí puedo decir es que mis sentimientos son de felicidad por seguir intentando hacer esas cosas que tenía pendientes, ¡esos sueños por cumplir! Y, por qué no decirlo, con otro ya rondando por mi cabeza. Supongo que a todos los que viajamos nos pasa lo mismo y cuando estamos terminando un viaje ya venimos pensando en el siguiente.

 

M: ¿Por qué escogiste ese destino? ¿Tenía algún significado especial para ti?

 

ER: Hace años que conozco y sigo la triste historia de este mar de Aral. Quería ver con mis propios ojos lo que la mano del hombre ha podido hacer. Quería estar allí y hablar con los vecinos, la mayoría antiguos pescadores o trabajadores de pequeñas fábricas conserveras que había por entonces.

ELSI RIDER CUMPLE SU SUEÑO DE VIAJAR AL MAR DE ARAL

M: ¿A qué dificultades te enfrentaste durante el viaje? ¿Cuál fue el momento más duro o peligroso?

 

ER: Bueno, fue un viaje digamos que con mucho “rock and roll”. He de agradecer las conversaciones mantenidas con otros viajeros sobre el paso por el desierto de Kyzyl Kum, porque era una de mis principales preocupaciones cuando planificaba este viaje. Al final, me mentalicé tanto de la dificultad de este tramo que cuando terminé no me pareció para tanto; “lo que manda la cabeza”.

 

Otro momento complicado fue en la frontera de Azerbaiyán. Los azerís son muy “tradicionales” y eso de que una mujer llegue en moto no les hace mucha gracia y si a esto le sumamos “mi descuido” de no quitar la bandera de Armenia (país con el que tienen graves enfrentamientos), el resultado fue que estuve retenida dos horas en la frontera y apunto de que no me dejaran entrar en el país.

 

En Uzbekistán, se me rompió también la llanta de la moto. Las carreteras son muy malas y la clave está en buscar el socavón menos profundo para pasar por él, pero uno de ellos no pude esquivarlo y lo que inicialmente interpreté como pinchazo fue rotura. Tuve que arrastrar cerca de un kilómetro la moto a un tendejón y después localizar un camión para llevarla a la ciudad más cercana que era Buhara, a poco más de 40 kms pero tardando dos horas en llegar. Al final localicé un taller y un chico me la soldó y reforzó. Gracias a él pude continuar el viaje, así que pagué lo que me pedía, unos 10€ al cambio y aunque no se debe de hacer, le deje propina y le regalé algo que para ellos es un artículo de lujo: una lata de aceite de MOTUL que llevaba en la moto. ¡No sabía cómo darme las gracias por aquello!, aunque la agradecida en realidad era yo, sin su buen hacer mi viaje hubiese llegado a su fin, “la necesidad agudiza el ingenio en estos países”.

 

M: ¿Qué sentiste al llegar al mar de Aral y ver cumplido otro de tus sueños?

 

ER: Cuando llegué al mar de Aral tenía una mezcla de sentimientos. Por un lado, estaba feliz por haber llegado allí con mi moto, pero por otro, triste, al ver lo que es capaz de hacer la mano del hombre. Fue una mezcla de sensaciones. Ganas de llorar y de satisfacción por haber llegado. También de “intrusa”, ante la mirada de los pocos vecinos que quedan y que no quieren turismo ni fotos.

 

M:  En 2016 viajaste de Barcelona a la India y en 2017 recorriste el Cáucaso, ¿de dónde nace tu vena aventurera?

 

ER: Supongo que siempre he tenido una vena aventurera. Con mis antiguas motos ya había viajado mucho por España y Europa. Los grandes viajes se quedaban en un segundo plano. Un buen día la vida me dio una segunda oportunidad y entendí que era el momento de hacer todas aquellas cosas que tenía pendientes de hacer, y entre ellas estaban los grandes viajes, el primero irme desde Asturias hasta la India en moto, luego vino recorrer el Cáucaso y el último, visitar el mar de Aral.

 

M: En todas tus rutas el componente humano está muy presente, ¿qué lecciones has sacado del contacto con personas de otros países y culturas durante tus viajes?

 

ER: Creo sin lugar a duda que lo más importante es comprobar que las personas somos mejores de lo que pensamos. Siempre hay un alma dispuesta a ayudarte cuando estás en problemas.

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M: ¿Cómo te preparas antes de cada viaje? ¿Haces algún tipo de entrenamiento físico o mental?

 

ER: He de decir que soy una persona deportista y no suelo hacer nada específico para preparar un viaje. A veces, como a cualquiera, nos entra el miedo y en ese momento supongo que lo único que hago es decirle a mi cabeza “no, déjate de miedos y para adelante”.

 

M:  ¿Y a nivel técnico? ¿Cómo preparas tu moto para estas rutas tan exigentes?

 

ER: A nivel técnico, diría, sin lugar a duda que una buena revisión de manos de BMW, en concreto de Grublau Motorrad.

 

Después la cadena siempre engrasada con MOTUL, una marca que me ha sorprendido enormemente por la cantidad y calidad de sus productos. Ya no solo para lo meramente técnico sino, para el mantenimiento y limpieza de la moto y equipamiento.

 

M: ¿Qué equipamiento llevas contigo?

 

ER: El equipamiento es esencial; un buen traje que se someta a las exigencias climáticas y con buenas protecciones. Un buen casco, guantes y unas buenas botas.

 

M: ¿Cuánto tiempo tardas en planificar cada ruta? ¿Qué papel juegan parar ti los patrocinadores?

ER: El tiempo que tardo en planificar cada ruta, no es mucho, puesto que, en estos grandes viajes, para mí, el factor improvisación es importante.

 

Los patrocinadores juegan un papel muy importante. El tema del material es fundamental para estos viajes y te ayudan mucho con ello. Además, al final, con muchos terminas siendo parte de su familia y esto es algo que va más allá de su colaboración.

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M: Viajar en solitario por determinados países puede ser peligroso, y más siendo mujer. ¿Has tenido que enfrentarte a alguna situación de riesgo por este motivo?

 

ER: Viajar en solitario siendo mujer nos obliga a adoptar más precauciones que a los hombres; por ejemplo, está el tema de las violaciones. Tenemos que tener en cuenta estas cosas y auto protegernos. Personalmente, antes de que caiga la noche ya tengo un sitio donde dormir. Cuando viajo intento siempre esconder el pelo e intentar que nadie a primera vista se dé cuenta de mi condición de mujer. Supongo que todas estas cosas han hecho que de momento (y espero que así siga siendo) nunca haya tenido problemas por ello.

 

M: Desde tu experiencia como piloto de largas travesías, ¿qué consejos darías a un “novato” que quiera lanzarse a recorrer el mundo sobre dos ruedas?

 

ER: ¿Consejos?... Madre mía, ¡esta pregunta sí que es difícil!... ¿Y quién soy yo para aconsejar nada? Simplemente les diría que lo disfruten porque un viaje se vive tres veces: al soñarlo, al hacerlo y al recordarlo.

 

M: ¿Puedes adelantarnos cuál será el destino de tu próxima aventura?

 

ER: Tengo muchas cosas pendientes. Me atrae mucho Arabia Saudí, aunque dependerá de si puedo o no ahorrar para ello.

 

Para saber más sobre los viajes y rutas de esta extraordinaria motera, síguela en su blog y en su cuenta de Instagram.

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